miércoles, 20 de febrero de 2013

Ley de Vida

Os voy a contar una historia. La de las Islas Chatham concretamente. Hace unos tres mil años unos tipos que vivían en las islas Bismarck, al norte de Nueva Guinea, empezaron a colonizar la Polinesia. El proceso había terminado dos mil años después y dos de los archipiélagos que se colonizaron en último lugar fueron Nueva Zelanda y las Chatham.

Morioris viviendo en Owenga, 1880
Los de Nueva Zelanda se llamaron maoríes y los de las Chatham morioris. Los maoríes llegaron a una isla (la isla Norte) muy extensa y desarrollaron una civilización agrícola, con cultivos intensivos y sociedades complejas. Ya sabemos que pasa cuando eso sucede. Hay excedentes y una parte de la población se convierte en especialista: jefes, soldados, artesanos, comerciantes, artistas. Se construyeron armas y fuertes. Hubo guerras y se cultivó un código feroz entre los guerreros. Más de cien mil eran a mediados del siglo XX

Los de las Chatham llegaron a unas islas pequeñas, con poco espacio interior y situadas demasiado al sur. El frío y la escasez de terreno les impidió cultivar de forma intensiva esos cultivos tropicales que conocían perfectamente, así tuvieron que regresar a la condición de cazadores-recolectores. Las Chatham están repletas de lagos con anguilas, charcas con moluscos y crustáceos y pesquerías en las que a veces podían capturar alguna foca. Al final las islas podían, apenas, sostener una población de dos mil personas. La necesidad les hizo pacíficos, sin liderazgos fuertes. Una sociedad comunitaria.

Guerreros maoríes con mu mala uva
Por desgracia en 1835 un barco australiano de cazadores de focas llevó a Nueva Zelanda noticias de esas islas situadas a 800 km de Nueva Zelanda. Novecientos maoríes se embarcaron. El 19 de noviembre de 1835 llego un primer barco con quinientos y el 5 de diciembre llegó un segundo con el resto.

No tuvieron prácticamente que luchar. Les bastó recorrer las islas anunciando que los morioris eran sus esclavos. Los morioris hicieron una asamblea y votaron no luchar, a pesar de que la resistencia era posible y eran superiores en número. Por desgracia, los maoríes no esperaron siquiera la respuesta. Los atacaron y masacraron. Cocinaron a muchos y se los comieron, claro. Y al resto los esclavizaron cruelmente. Pocos sobrevivieron a la llegada de los luteranos.


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